Tres cuentos de aeropuerto

Retraso 

A las 15:00 debían abordar. A las 15:15 anuncian que hay un retraso de entre 20 y 30 minutos. A las 16:00 personal de la aerolínea se disculpó por los altavoces ya que el avión se encontraba con problemas técnicos en la zona de la bodega, por lo que no había certeza sobre la hora de embarque y despegue. A las tres horas los pasajeros se dieron cuenta que esto no era el aeropuerto, sino el hospital, cuyo único doctor aún no llegaba desde su consulta privada, por lo cual la espera debía continuar. A veces la vida es confusa. Y rara. Confusa, rara e injusta.

Embarque 

Hay personas que tienen esa costumbre de situarse en la fila para embarcar cuando en realidad aún faltan quince, veinte minutos para que comience el proceso. Se apresuran y resguardan celosamente sus puestos, ofrecen miradas desconfiadas a todo el que se les acerque, sudan sosteniendo sus chaquetas y bolsos de mano, sintiéndose quizás mejores viajeros. No lo sé, los miro con detención pero no detecto verdaderas razones para esa prisa intranquila que los llevará a estar sentados antes, como aventajados sobre los demás.

Yo prefiero esperar a que todos se suban y escribir cosas como esta. 

De película 

Con el tiempo he estado desarrollando un leve temor a los aviones. Cada breve movimiento me sobresalta y pienso que es el fin, pero a penas vuelve la normalidad, me doy cuenta de lo estúpido que fui. Hasta que otro sacudón me alerta, y así hasta que aterrizamos. 

Hoy se sentó junto a mí una rubia de idioma y país distinto. Con miradas nos bastaba para comunicarnos. Si ella miraba hacia el pasillo, entonces quería salir. Si yo la miraba sonriente, le daba las gracias por pasarme una de las almohadas.  

En medio de la noche una turbulencia muy fuerte me hizo despertar de un incómodo sueño y entonces me aterré nuevamente. Cerré los ojos, estiré el cuello y mantuve la cabeza en alto, cuando de pronto sentí una mano posarse sobre la mía. Era la rubia de otro idioma y país. 

El miedo se disipó con el tacto y pronto creí real la posibilidad de vernos enfrascados en un amorío de aeropuerto. Al bajarnos del avión se encontró con el que presumo era su novio y tomados de la mano se despidieron de mi, como agradecidos de mi amabilidad por apoyarla en las turbulencias.  

Hollywood le ha hecho muy mal a mis expectativas. 

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