De barrio alto

El hombre se sienta sobre la banca de una plaza del barrio alto. Siente una arraigada repulsión contra todo lo que el barrio alto representa, sus habitantes, sus delimitaciones bruscamente diseñadas para evitar forasteros, el recelo con que se evitan otras realidades. El hombre observa a todos esos hombres de barrio alto con aspecto ejecutivo, curtidos y cegados por el privilegio, treintañeros de traje y corbata que caminan apresurados sosteniendo vasos de Starbucks, hablando por sus grotescos teléfonos, soslayando las diferencias. Bah, qué idiotas, piensa el hombre. Después de observarlos con cierta incomprensión, se levanta y se une a ellos, entra al edificio, ajusta el nudo de la corbata y entra a la sala de conferencias para la reunión con los clientes.

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