Como ella

La Laura ya no va a la universidad. Se queda en la casa acostada hasta las una, a veces no se levanta en todo el día, y ve televisión a duras penas porque se queda dormida todo el tiempo. Hace varios meses que está en lo mismo. Ha subido de peso. Unos diez kilos por lo menos. Ella dice que es mentira, pero una la ve y se le nota en la cara.

Sus programas favoritos son los de farándula. Mientras observa embobada la televisión, echándose a la boca una marraqueta con mantequilla y queso, comenta en soledad los hechos que van entregando los panelistas del programa, datos acompañados por música dramática con el propósito de desprestigiar a algún personaje curioso que la televisión chilena ha parido durante los últimos diez, quince años.

A la Laura le encanta la farándula pero le da vergüenza admitirlo. Por eso cuando la voy a ver se pone de mal humor porque tiene que pretender que no está interesada. Yo me doy cuenta, pero no le digo nada. Sólo trato de hacerle entender que ese estilo de vida, el de pasar echada en la cama, sin ducharse en días, sin ver el sol ni hablar con personas, es un estilo peligroso. Ella dice que sí, que cambiará, que irá a hablar a la universidad a ver si la vuelven a admitir, pero yo sé que me dice esas cosas para dejarme tranquila.

Hay semanas en las que no sé nada de Laura. Simplemente se desconecta del mundo, apaga el celular, no se mete a Facebook, y se encierra a comer y ver televisión. La última vez que la vi estaba super gorda. Me dio cosa decirle, yo creo que se hubiera sentido. Pero sé que algún día tendré que hacerlo, sino su vida tomará un rumbo irrevocable.

La imagino sudando entre las sábanas, con chocolate en la cara y en los dedos, hablando sola y mirando las increíbles estupideces de las que hablan los faranduleros. Acostada quizás hace cuánto tiempo, expeliendo hedores insostenibles para las visitas, demasiado perdida como para darse cuenta de su estado y llorar. Debería ir hacia allá y decirle, decirle todas estas cosas que estoy escribiendo ahora, pero tengo miedo que se enoje conmigo y yo me quede sola, y termine encerrada en mi casa viendo farándula todo el día, perdiendo la noción del tiempo, dejando pasar la vida entre el pijama, las sábanas y el televisor, como ella.

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