Un sueño con Hitler

Soñé que era un jugador de fútbol. Soñé que era un jugador de fútbol y por alguna razón los nazis, que habían vuelto, o a los que yo había vuelto, me perseguían a pesar de que mi apariencia era la apariencia de un ario (era un jugador alemán de cabello rubio, mi antítesis). A muchos de los que eran perseguidos los torturaban brutalmente enfrente de Hitler, cuyo rostro era difuso, como si el miedo no fuese él sino la posibilidad de él. El que perseguía era un alemán que no hablaba alemán, cosa rara porque los alemanes siempre hablan alemán. El tipo en realidad era una persona que yo había conocido en algún momento de mi vida, una persona que por supuesto no era alemana pero que en el sueño cumplía ese papel. Aún así todavía no logro descifrar quién era, todo es parte de un gran enigma. Lo cierto es que estaba siendo perseguido por estos pseudo nazis en un barco caótico, un buque de guerra que tenía toboganes y habitaciones que eran como casas, y que tenía patios, árboles y pasto, mucho pasto. En un momento divisé a mi abuela ya fallecida que se lanzaba por los toboganes no sin antes pedirme ayuda para subir las pequeñas escalinatas de estos extrañísimos lugares. De pronto caigo al agua desde uno de los toboganes, un agua de mar sucia y contaminada con espumas de dudosa procedencia, de cuya oscuridad brotaban todos mis temores. Un balón de fútbol entra en escena y ya no soy perseguido y juego al fútbol entre containers y escaleras. Luego vuelvo a ser perseguido por el alemán que no habla alemán. Ahora estamos en un bosque y en él hay una cabaña, en cuyo subsuelo me escondo, pero es un subsuelo de maderas que me hacen ser descubierto de inmediato. Entonces el alemán me toma del brazo y con un alicate me asegura que me sacará un diente, todo esto a vista y paciencia de Hitler, un Hitler confuso y difícil de recordar, y de los otros torturados. El miedo, por supuesto, es dantesco pero determino que lo mejor es no luchar y ceder ante las sombrías intenciones del alemán, el cual me guiña un ojo y me saca el diente con rapidez, de manera quirúrgica e indolora, como si por alguna secreta razón estuviese conmigo, como si quisiese salvarme de algo mucho peor. Ahora, pensé, me va a matar. Entonces me levanto del suelo y entro a una habitación en la que está Hitler. Hitler parece ser un abuelo o un tipo que no parece tener intención de nada; es un Hitler indefenso, una versión aburrida del criminal de guerra, una consecuencia de las especulaciones más que el resultado de la ambición por el poder y la conquista, un tipo que no sabe por qué está ahí, existiendo precariamente, hijo de la demencia senil y el encarcelamiento post guerra. Pero aún así es Hitler, en mi sueño estoy en una habitación frente a Hitler. Todo es demasiado extraño, pienso. Este sueño es demasiado extraño, me vuelvo a decir. Y cuando tomo conciencia de que estoy soñando me despierto, desorientado y sin saber por qué los pseudo nazis me estaban persiguiendo a mí, un jugador de fútbol alemán. Será que la historia quiere vengarse con la historia, pienso antes de volver a quedarme dormido y soñar con otras cosas muy distintas.

Harry Palta.

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