#159

En la casa los parientes intentaban dilucidar el futuro de las pertenencias de la abuela. Los que casi nunca fueron a visitarla mientras vivía eran los más interesados en sus cosas. Recorrían con fría comodidad esos rincones ajenos de la vieja casa mientras otros comenzaban a sacar cálculos financieros sobre el dinero que recibirían en caso de vender la propiedad.

En dos semanas dilapidaron todo, tiempo necesario para que se generasen los primeros roces por uno que otro desencuentro. Finalmente, tras varias semanas de disputa, se decidió vender la casa, que a esas alturas yacía completamente vacía, mientras a kilómetros de distancia , en un cementerio lúgubre, una lápida descuidada era adueñada por la hierba que comenzaba a cubrir el nombre de la difunta benefactora.

#154

El gato cruza la calle y esquiva con éxito los autos que frenan y se estrellan entre sí. El gato sube una pared, camina equilibrando. Salta hacia el balcón y entra al departamento. El dueño se asoma al oír los estruendos y toma a su gato en brazos. Lo acaricia. “Esto les pasa por anda apurados” piensa. La noche se ilumina con las sirenas y observan hasta que todo vuelve a ser negro, oscuro, como su gato, el sigiloso que ronronea sin enterarse de nada.

#153

La primera vez que me robaron en la calle fue un asalto con clase. Vestido de traje y con buena labia, me sedujo hasta que, sin darme cuenta, sustrajo mi billetera. Eran buenos tiempos, pienso mientras la punta filosa del cuchillo amenaza con perforarme la espalda y uno de los que me tiene tomado del brazo no para de decir “quédate piola, conchetumare”.

#147

Me pidió que le guardara un secreto y lo hice. Cuando me preguntó por él, yo ya había olvidado el lugar donde lo guardé. Así soy yo, una persona de confianza relativa.