Tantauco

I

Lucas cierra los puños y con todos los dedos, menos los pulgares, se acaricia las palmas para secar el sudor. Mientras repite el movimiento aplica cuatro veces la técnica de respiración 4-7-8. Cuando termina y se da cuenta de lo que hace con sus manos, piensa que es como si estuviera acelerando una moto. Luego mira hacia el frente, hacia el lago, las montañas, el bosque que parece selva o la selva que parece bosque y se queda pegado en una corriente que produce olas apenas perceptibles. Mira sin ver, demasiado cómodo con el descanso de sus ojos abiertos; sus pupilas se están haciendo más grandes. Escucha un ruido detrás suyo. No reacciona inmediatamente porque continúa absorto, pero a penas su cerebro procesa el sonido de ramas siendo pisadas, del bosque siendo caminado, mira rápido sobre su hombro izquierdo. Abre los ojos bien grandes. Respira corto. El corazón le late fuerte. Comienza a perderse en el bosqueselva, en los troncos húmedos, la vegetación, el verde intenso. Escucha su nombre. Lucas. Lucas. Hermano, estai bien? Sí. Seguro? Toma agua, hidrátate. Vamos a caminar.

II

Su jefe se llama Enrique y lo está empezando a considerar su amigo. Un día lo llama por teléfono. Es raro, siempre lo va a buscar a su oficina. Le dice que sorry, que no está dando el ancho. Lucas piensa que tiene que cancelar los pasajes que compró hace una semana para ir a Uruguay en octubre con la Julia. Mejor no, el contexto amerita una escapadita. A la semana Julia le pide un tiempo.

III

El sol se está poniendo cada vez más naranjo y las nubes crean figuras, animales, rostros conocidos. Una vez escuchó que el color anaranjado del cielo se debía a la contaminación del aire. Mientras más hermoso el atardecer, más contaminación ambiental. Caminan en silencio. Pisan las piedras de la ribera y a veces se resbalan o pierden el equilibrio, pero no se caen. El lago acariciando la orilla, las piedrecitas, parece música. Piter entra al bosque. Lucas le mira la espalda, las pantorrillas tatuadas y luego mira el cielo. Se estremece y se da cuenta que está sudando. Entra al bosque.

IV

Llevaba meses en terapia. Estrés, angustia, pánico ocasional. El trabajo, la relación, problemas de infancia no resueltos. Le enseñan la técnica de respiración para calmarse, pero piensa que es una tontera. Le recetan pastillas que no compra. No le dice a nadie. Escribe en el grupo: cabros, me echaron. No menciona lo de la Julia. Sus amigos le dicen que pucha, que lata, ánimo, que ya va a encontrar una pega nueva, que la clave no es demorarse y tiene que ponerse a buscar al tiro; mándanos tu currículum. Actualiza tu perfil en Linkedin, en mi empresa están buscando gente. Le cargan los consejos y el entusiasmo de los demás por ayudarlo. No quiere ayuda. Menos quiere volver a pasar doce horas al día llegando a acuerdos con redactores sobre las campañas de algún retail. Siente que las personas están obligadas a saber lo que quieren. Unos días después Piter le escribe por interno. Vámonos a Chiloé y acampamos en el Tantauco. Te va a hacer bien.

V

De pronto Piter es un cuervo y Lucas un conejo. Recuerda a su terapeuta diciéndole que es momento de tomar decisiones. El cuervo se acerca y le ofrece tierra, hojas, ramas, bichos que recogió del suelo. Vale la pena, esto va a valer la pena, dice con los ojos cerrados y los brazos tensos, estirados, pegados a su cuerpo. Siente al cuervo merodear. Tiene un grito que ahoga al abrir los ojos y de alguna manera sostener el color verde del bosque con su mirada. El verde se hace negro y comienza a perder la calma. Sabía que iba a pasar esto, repite una y otra vez. Tranquilo, hermano, respira. Siéntate dice el cuervo que ya no es cuervo, sino Piter.

VI

A Piter algunos le dicen Che porque de vez en cuando usa una gorra verde con estrella roja en la mitad. En el grupo es visto con recelo por ser un miembro itinerante que puede desaparecer meses sin previo aviso y luego volver contando las más increíbles historias sobre viajes o anécdotas. Les incomoda no entender la fórmula financiera de su vida en la que ningún trabajo aparente y duradero le permite estar en San Pedro de Atacama en marzo o en La Plata en navidad. A Lucas no le importa y acepta su invitación con una mezcla de curiosidad y nerviosismo. Cuando van en el Ferry hasta Chacao desde Puerto Montt lo escucha hablar sobre la primera vez que hizo ese mismo viaje a Chiloé. A Lucas se le abren los ojos y sonríe maravillado por el agua, la neblina y el leve vaivén de la barcaza. Hacen dedo hasta Ancud y luego hasta el Parque Nacional Tantauco.

VII

Se levanta y camina en semicírculos. Piter le dice que se tranquilice, que todo va a estar bien. Piensa en Julia. Una punzada fría le recorre el pecho. Siente que puede ver su chaqueta moviéndose con los latidos. Aletea como sacándose la mala vibra. Camina hacia el lago, se moja la cara. Tiembla. Tiene calor y quiere llamar a alguien. No sabe a quién. Esto fue una pésima idea, piensa. Habla en voz alta: quién me manda a hacer esto, yo no soy así. Qué voy a hacer, qué voy a hacer. Aparece Piter comiendo un huevo duro. Toma, cómete uno. No, no tengo hambre. Toma agua entonces. Lo hace. ¿Cuánto dura esto?

VIII

Confesión: me carga acampar. Una vez lo hice y tuve tanto frío que no pude dormir nada. Piter se ríe. Le muestra la dosis. ¿Entera? Sí, entera. Dale nomás. Lucas mueve inquietamente su mano derecha mientras Piter le saca una foto a un Ciprés. Nunca pensé que estaría haciendo esto, dice sentándose sobre sus mano, deteniéndola con el peso de su cuerpo.

IX

Deja de temblar, pero está cansado. Las manos ya no le sudan y el bosque no parece tan amenazante como antes. El lago iluminado por la luna lo hipnotiza y sonríe sin saberlo. Se anima a hablar sobre lo que pasó con Julia. Toman cerveza y duermen hasta las siete de la mañana. Pasan dos días más recorriendo el parque. Cree que podría vivir ahí para siempre, mirando los atardeceres. Vuelven a Puerto Montt, comen choritos con salsa verde, visitan a la abuela de Piter que les cocina puré picante con bistec. Se siente bien, mejor que hace mucho tiempo. Dice que lo del Tantauco le sirvió mucho ya que canalizó las energías negativas, que ahora tiene mucha más claridad sobre su vida y que si bien no sabe qué hará, sí está seguro de que será algo distinto. Ahora habla así, como Piter. No se da cuenta, pero la angustia, el estrés y el pánico se detienen.

X

De vuelta en Santiago no hay lagos, ni lluvia, ni bosques, ni verde. Abundan las micros, los bocinazos, las motos de Rappi y Uber Eats haciendo ruido. Se diluye la energía sureña. Va a cuatro entrevistas. Lo llaman de dos y acepta la mejor oferta. Director de Arte. Paga el piso a sus nuevos compañeros, incluido su nuevo jefe que se llama Gonzalo. Ahora pololea con Gabriela. Compra un shampoo anticaída, pasajes a Uruguay y un cóctel de pastillas para controlar el pánico que reaparece una tarde en la que pela un huevo duro mientras observa el atardecer del día con mayor contaminación ambiental del que se tenga registro en Santiago.

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